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Dándome Vidapor Selene Fortanel PoloDomingo, 1 de febrero de 2015

La mujer de 35 años que, en el marco de su primera entrevista a mi consultorio psicológico, empieza a describirme su existencia, no presenta evidentemente ninguno de los síntomas que podrían calificarse de neuróticos. Los problemas del momento son las inquietudes naturales de una persona de su edad. De repente las frases que emergen de sus silencios revelan la intensidad del esfuerzo que realiza para captar en su mente lo que quiere comunicarme: "Durante mucho tiempo he rechazado dar este paso... Me he repetido a menudo que no vale la pena pararse en ello... Pero, he aquí que experimento en todo esto un sentimiento de desasosiego... Como si mi vida hubiese perdido el sentido... Sin embargo, amo a mi marido, a mis hijos, mi trabajo. No entiendo por qué me pasa esto de no sentirme feliz, de encontrarme incómoda dentro de mi piel... Esto es: tengo la impresión de haberme extraviado y de no saber cómo regresar."

Al propio tiempo oigo, como en un eco, a ese hombre de 42 años que al llegar a mi consultorio me describe su éxito profesional, alcanzado a un precio encarnizado, que debería colmarle de satisfacción y sin embargo le deja un mal sabor de boca y una sensación de vacío. El sentimiento se hace más intenso y su estado se agrava por el hecho de sentirse culpable por lo que le está sucediendo: "Un hombre de mi edad no debe reaccionar de esta forma... Me estoy comportando como un adolescente y esto me humilla. Sucede que me repito con insistencia: "acaba de escucharte y sienta cabeza... Ya que has de presentar a tu esposa, a tus hijos, a los que te rodean, el rostro de un hombre dichoso...No comprendo nada de lo que sucede en mi interior, es algo imprevisible."

**Fragmento del libro "Del tener al ser" de Erich Fromm, Editorial Paidós Ibérica S.A.

"El hombre posee el temible privilegio de alejarse de sí mismo y de dejar en barbecho una parte de su ser" Carl Jung

Dar de nuestra vida a los demás es un acto noble, al que continuamente nos invita nuestra cultura: la familia, los amigos, las empresas, los compañeros, los desconocidos, los necesitados, los clientes, la patria e incluso nuestras divinidades; nos reclaman la acción de la dadiva como parte de nuestro proceso de humanización.

De hecho en nuestra cultura solemos referir el nacimiento de un bebé como el "Alumbramiento", que se refiere a la expansión generosa provocada por la decisión de dar parte de si mismo para la construcción de una nueva vida, salir del egoísmo para que otro tenga la oportunidad de disfrutar el regalo de la existencia, y resistir el dolor interior a favor de una criatura que ha de redimirse en el acto mismo del nacimiento.

Entonces, si dar es un privilegio y un acto elevado de la conciencia, ¿en qué momento aparece la ruptura con el propio Yo?, ¿no seríamos una sociedad más justa si todos estuviéramos dispuestos a "alumbrarnos" mutuamente?, ¿no recibimos cada año decenas de correos y mensajes navideños que nos motivan a ser verdaderos prójimo con el otro?, ¿no es el gozo eterno la promesa obtenida por darnos de lleno a los demás, por ser padres ejemplares, por ser amigos incondicionales, por ponernos la camiseta y por salir al encuentro con el que nos necesita?

Evidentemente hay 2 posturas centrales en la explicación de este fenómeno: la 1ª. es Anteponer al Yo y la 2ª. es Anteponer al otro, ambas son válidas en un contexto determinado y por ello ambas son engañosas si se adoptan como estilos de vida.

Se suele creer, que si me vuelvo mi prioridad de vida es porque mi egoísmo se ha desarrollado al grado de ser indiferente a la experiencia social. Y suele ser cierto cuando ocurre en mí un desdén por lo que el otro siente, piensa, hace, cree, necesita y conversa, y un sentimiento antisocial que me hace creer que los demás están a mi servicio:

"Cuando me olvido por entero de los demás, suelo haber olvidado quien soy desde hace tiempo"

Por el contrario, si me vuelco hacia las personas que conforman mi mundo con la demencia que supone la distancia hacia mí, lo que resulta es que la esencia de mi propio respeto fue rebasada por la creencia de solo ser legitimado en presencia de los demás.

"Cuando me olvido por completo de mí, suelo no recordar para que estoy con los demás"

En conclusión, el vacío existe solo en el espacio-tiempo en el que alguna de estas posturas viaja al extremo de su posibilidad. La infelicidad es la resultante de estar guardado por completo dentro de la imagen personal o de haber salido completamente a salvaguardar a los demás.

Realmente, nadie que nos ame sinceramente requiere que nos alejemos por completo de nosotros mismos y de igual forma, en la medida en la que atendemos nuestras propias necesidades, inquietudes y prioridades, y respetemos nuestros espacios personales, seremos más aptos para relacionarnos sanamente con los demás.

"Me dijo mi maestra: Acercarte a ti es acercarte a las cosas que amas hacer, por insignificantes que parezcan"

Quizá el año apenas va naciendo para confesar y conversar de las propias carencias que tú y yo sentimos, quizá todavía es muy pronto para dejar los abrazos y los buenos deseos a los demás y mirar la caricia interior que nos falta, quizá las voces y preocupaciones del mundo actual reclaman nuestra participación solidaria y activa por encima de nuestro Yo, quizá hoy desperté con la emoción de atender y entender lo que siento para poder continuar con mi jornada.

Construyamos la 3er. Postura: Anteponer el Nosotros, es alumbrarme a mí para poder llegar a ti.

Las necesidades suelen llegar en forma de antojos: cuando necesito calcio se me antoja un vaso de leche, cuando necesito cítricos mi paladar se derrite en presencia de una naranja, cuando necesito descansar mis manos abrazan el recuerdo de mi almohada y cuando necesito frenar mi andar, la vida se vuelca con un peso tal que me llama a detenerme. Hoy deseo responderme estas preguntas en tu compañía:

  1. ¿Hay algún antojo interior que sientas?, ¿cómo puedes satisfacerlo?
  2. ¿Hay algún encuentro que has pospuesto por falta de tiempo o de energía?, ¿de quién se trata?
  3. ¿Hay alguna conversación que demanda ser expresada?, ¿qué es lo que guardas?
  4. ¿Hay algo que te preocupe en exceso?, ¿cómo lo puedes liberar?
  5. ¿Hay un agradecimiento pendiente hacia ti o los demás?, ¿cómo puedes externarlo?
  6. ¿Hay un recuerdo vacío que no logras llenar?, ¿cuánto tiempo más lo quieres sentir?
  7. ¿Hay un paseo pendiente por hacer?, ¿qué requieres para llevarlo a cabo?
  8. ¿Hay un resentimiento que te duele?, ¿es posible perdonarlo o perdonarte?
  9. ¿Hay una relación que colapsa en tu presencia?, ¿cómo te llevas contigo mismo?
  10. ¿Hay algo que amas hacer y no has logrado practicar?, ¿te atreves a hacerlo hoy?
  11. ¿Hay algún rincón de tu casa u oficina (cajón, closet, armario, etc.) que aguarda ser limpiado, ordenado o revisado?, si supieras que hacerlo aligerará tu vida, ¿lo arreglarías?

Si bien es cierto que como lo explica Jung poseemos el arte de extraviarnos a nosotros mismos, también es cierto que solo nosotros: tú y yo, podemos recordar el camino. Porque el camino somos nosotros mismos en nuestros pensamientos diarios, emociones, comportamientos, conversaciones y actitudes.

No se puede perder lo que es parte del todo, así que tú y yo nunca somos un caso perdido, ni de broma lo pienses o lo digas. Es tan solo que las prisas de la rutina y el embarcarnos en proyectos (familiares, profesionales o sociales) que demandan lo mejor de nosotros, a menudo nos lleva a puertos lejanos que suelen hacernos replantear lo que en todas las épocas los hombres y mujeres al menos una vez en su vida se cuestionaron: ¿A dónde voy?, ¿Quién soy? y ¿Qué busco?.

"Nadie que se respete a sí mismo puede dañar a los demás, al planeta o al futuro: CONFÍA en tu poder interior para despertar de la tristeza, el cansancio, la depresión, el aburrimiento, la preocupación o la desesperanza y ALISTATE para abrazar los tiempos mágicos que nos aguardan en este año"

Año nuevo es el mejor tiempo para confesar las propias carencias, para cuidar de nuestros cuerpos, mentes y almas, para acercarnos a las personas que nos aportan valores, para despedirnos de las relaciones que alimentan a nuestros fantasmas, para detener el paso que los demás reclaman y para recordar que todo evento extraordinario de la vida, suele venir antecedido por la pausa inquietante y dolorosa del vacío que nos incita a llenarnos de nosotros mismos. Te deseo tiempos y aguas de renovación y no olvides que te acompaña el viento que sopla sobre tu espalda, tu Dios y yo.

Con infinito amor