Teléfonos

Redes

La Meta de Vivirpor Guillermo Juárez CurielDomingo, 1 de febrero de 2015

Son las 5:00 de la mañana, me encuentro parado frente a la reja principal y esperando el momento para registrarme a mi 1ª. competencia de alto rendimiento. El frío es intenso y el viento sopla sobre mi espalda, sin embargo eso no es lo que atrae mi pensamiento, mi mente está concentrada en una sensación de nerviosismo y adrenalina que no había experimentado antes en mi vida: mi respiración es más rápida de lo normal, mi pulso está acelerado y siento una energía que no permite que mi cuerpo pare de moverse. Me siento en la banqueta y me abstraigo en recordar cómo llegué hasta este momento...

Todo comenzó hace año y medio, más o menos, y mi vida era totalmente diferente: pesaba 116 kg, 46 kg más que ahora, ¡uf!, me sentía abrumado, cansado, fácilmente me estresaba y por si fuera poco estaba lleno de compromisos. En ese estado empezó mi proceso de transformación y sin pretender hacer un comercial de productos mágicos para bajar de peso o de cómo cambiar la forma de vivir, pasado un tiempo y después de muchos instantes de presencia total logré un cambio.

Un parte aguas en este proceso fue la llegada de mi primer hijo Horus Eliseo, el llenó mi vida de alegría, de optimismo, de fe, de amor, de ilusiones y de proyectos nuevos: cada día y cada noche junto a él me vinculaban de forma muy profunda a la experiencia de ser Papá y al compromiso por acompañar plenamente a mi bebé durante su propia vida; un día del cual no recuerdo la fecha ni la hora, pero si cada detalle, me invadió una idea que movió todo mi esquema de vida con el que sostenía mi existencia: ¿QUE EJEMPLO DE VIDA LE QUIERO REGALAR A MI HIJO?, esa simple pregunta me mostró una realidad muy oscura de la cual no me podía escabullir, ni evadir y mucho menos negar, en ese preciso momento todo desapareció a mi alrededor y me encontré completamente solo, con la esencia pura de mi YO contrapuesta a la autoimagen que tenía de mi.

No sé si fue motivado por la idea de cambiar mi realidad o sólo por el hecho de no querer permanecer más en ella, que ese día tome la decisión y me levanté a caminar; después de tanto tiempo de escudarme en pretextos y justificaciones como: “EN CUANTO EMPIECE A CORRER BAJO MUY RAPIDO”, “COMIENZO EL LUNES”, “ASI ES MI COMPLEXION”, “MAÑANA SERA EL DIA PERFECTO”, e incluso hasta hacerlo parte de mi identidad en forma de bromas “NO SOY GORDO SINO SOY UN FLACO CON CAPACIDADES DIFERENTES”, “NO SOY GORDO SOLO ME EQUIVOQUE DE EPOCA”, y tantas más con las que podría llenar varias hojas. Así que en ese aquí y ahora, decidí confrontar mi postergación y negación en torno a mi sobrepeso, y acepte que muchas cosas además del peso se habían excedido en mí: la carga de trabajo, mis emociones reprimidas, mis bloqueos guardados dentro de una partícula llamada creencia, mi miedo a la libertad. En fin, la verdad no fue tan sencillo y mi cuerpo estaba totalmente ajeno a experimentar el ejercicio por lo que con mucho esfuerzo solo pude caminar 2 vueltas en una pista de apenas 500 metros, mientras mi mente y el resto de mi corporalidad quería salir huyendo de ese lugar.

Eso fue solo el inicio y sin más ni más me encontré con una serie de hábitos que me condujeron a alcanzar este resultado: necesitaba cambiar mi forma y horarios de comer, requería establecer tiempos más efectivos de descanso y era necesario reducir algunos placeres, que como decía Freud los había llevado hasta el punto de la perversión: extasiado por el sabor del refresco, el pan, el tabaco, las garnachas, la Fast food, los postres, el estrés, la apatía, el rechazo personal y en fin, ustedes podrán completar la lista. Y aunque esto implicaba un gran reto para mí, aún no llegaba ni siquiera a experimentar lo más complejo.

Esta parte de mi historia, creo que es la que me costó más esfuerzo enfrentar, se trata de una vieja herida que llevaba mucho tiempo envuelta en vendajes que me protegían de experimentar un gran dolor, se trataba de mi “IDENTIDAD PUBLICA o ROL”, desde el cual se validaba mi existencia, al que yo mismo estaba acostumbrado y por supuesto, en el que todas las personas cercanas me ubicaban.

A medida en que avanzaba en mi gran proyecto pude ver que mis resultados mejoraban; ya no solo caminaba sino también corría y quizás mañana podría dar una vuelta más. La primer vuelta que logré significó tanto para mí que el sudor ocultó el llanto tan gratificante y sanador que salía de mis ojos para hacerme saber que nadie me detendría nunca más en lograr un sueño. Sin embargo, mientras aumentaban mi condición y mi rendimiento, también aumentaban las anclas mentales y las relaciones restrictivas de la vieja realidad, que cada día y a todas horas pretendían activarse para que no me moviera de un pasado muy pesado; y no me refiero a simples ideas personales, sino más bien, a todos esos mensajes que recibía de algunas de las personas que me rodeaban en ese tiempo, muchas de ellas son altamente significativas en mi vida, y por esa razón sus comentarios pesaban como lozas de concreto sobre mi espalda o más bien sobre mi cerebro: ”¿A POCO ESTAS CORRIENDO? YO TE VEO MAS GORDO”, “AUNQUE BAJES DE PESO NUNCA VAS A DEJAR DE ESTAR CACHETON”, “ASI TE QUEREMOS, GORDO”, “NI TE ESFUERCES SIEMPRE HAZ SIDO GORDITO”, además de los motes asociados a esta idea, el clásico: “GORDITO”, “PANZON”, “GORDINFLON”, “CACHETON”, etc. El solo hecho de escribirlo cimbra mi propia autoestima restablecida, que por cierto, se afectaba en cada uno de éstos agresivos encuentros familiares.

Sin lugar a dudas, éste fue mi entrenamiento más duro: “Atreverme a cambiar aunque, ello implicara movilizar todo mi entorno y dejar vacío el lugar que se me asignó desde niño y con el cual se me definía”, si no malintencionadamente, si desde un esquema empobrecido de vida y posibilidades de cambio.

Hoy sé y estoy convencido que la vida no solo es adversidad, ya que también esa misma vida me conectó con personas que alentaron mi sueño y me facilitaron convertirlo en objetivos, metas y resultados, principalmente pienso en mi amada esposa, Selene, mi compañera de vida, que cada instante me impulsó y me convenció de no desistir facilitando el cambio de hábitos, fue ella también, quien me coacheó para establecer límites a los mensajes restrictivos que recibía, cambiando así la incomodidad por franqueza. En este sueño también estuvo mi gran amigo Quirino García, quién me mostró la naturaleza de vivir en armonía e incluso me acompañó a correr; y muchos otros que avivaron con su cercanía, su apoyo, su sonrisa e incluso su silencio, la fuerza máxima de mi espíritu para mantenerme en mi plan y soñar juntos que mi sueño se volvía realidad.

Me pregunto, ¿mi competencia no habrá iniciado hace mucho tiempo?, tal vez, sin siquiera YO ser consciente de que me encontraba en ella.

En poco tiempo, alcancé una cima alta en mi rendimiento y ahora podía correr 10 kilómetros diarios y además hacer un poco de trabajo de fuerza, sumado a esto mis hábitos de alimentación y descanso eran diametralmente opuestos; estaba aumentando en mi propia escala de desarrollo e incluso yo me sorprendía de mis logros: me sentía con más energía, había bajado 3 tallas, mi dieta era mucho más sana, mi trabajo era más disciplinado y mis relaciones me reflejan el bienestar que nunca antes había conocido. Así adopte la idea de “CREER QUE ES POSIBLE” y con ello generé la evidencia de que “SI ES POSIBLE PARA OTROS, TAMBIEN LO ES PARA MI” y abrí las potencialidades de “INTENCIONAR MIS ESFUERZOS A CREAR LA REALIDAD QUE AHORA OBSERVABA COMO POSIBILIDAD”, entonces, me di cuenta que lo mejor estaba por venir….

A inicios de año, llegó la noticia de la llegada de mi hija Har Sananda, yo estaba en mucho mejores condiciones físicas, mentales y emocionales, y la verdad enamorado con el rol de ser papá, meses después supe que tendríamos a una hermosa mujer y eso modificó nuevamente mi estructura y mi estado: me llené de alegría, felicidad y asombro, y al mismo tiempo de cierta incertidumbre al contemplar que estaría un nuevo Ser ligado tan afectiva y profundamente a mi vida. Sin duda, esto me condujo a aceptar nuevos retos en mí; el solo hecho de tratarse de una mujer hacía que me cuestionara “¿QUE SÉ YO DE ESO?” y lo que sí supe, fue que una nueva y maravillosa experiencia me aguardaba y me impulsaba a iniciar un poderoso proceso de mejora y crecimiento en mi vida, desde un plano más alto de exigencia para participar en competencias formales.

Esta por demás decir, que mi energía era resultado de la gran bendición de la llegada de mi hija, y que esa energía la enfoque en vislumbrarme en un escenario diferente y novedoso para mi, una competencia de alto rendimiento y como dice la trivialidad “nada es casualidad”, ya que recibí el mensaje y la oportunidad de inscribirme por recomendación de mi gran amiga Roxana.

Busqué la información por Internet y sin dejar que mi Auto-tirano saboteara mi inquietud me inscribí en ese preciso instante. Aún, cuando me asaltaban un sin fin de dudas, después de todo era mi primer competencia, decidí continuar y no negarme ya que la vida había colocado esta posibilidad de forma sutil: ese día no tenía ninguna actividad programada y la competencia era justo frente a mi casa, en la unidad deportiva que se encuentra cruzando la avenida: hoy sé que “TODO ES CAUSAL”.

… De pronto, un hombre habla por el altavoz y escucho el ruido de la reja que se abre para poder registrarme, de golpe soy sacado de mis pensamientos para regresar al aquí y ahora. Son las 5:30 hrs. y el frío lo percibo más intenso, solo que ahora me cobija la compañía humana de otros competidores con los que comienzo a intercambiar algunas palabras y a mezclarme en un ambiente impregnado de sonidos, imágenes y sensaciones indescriptibles.

Llega el momento de alistarse y me preparo con mi traje de baño, porto un chip y un número en mi brazo derecho y en mi pantorrilla izquierda se me dibuja el número 60, ahora por cierto, este es un número altamente significativo para mí y un anclaje de crecimiento. Inicia la etapa de calentamiento y ahora me veo y me siento como un competidor, me valido parte del evento y sé que pertenezco a este espacio; sin esperarlo ni planearlo he roto un hechizo de mi pasado que me convencía de no ser merecedor de espacios de crecimiento, de felicitaciones, ni de éxitos personales... un momento sagrado en el que se aligeró mi alma y me llené aún de más energía.

De pronto nos forman en una hilera de acuerdo a nuestro número, ya que somos alrededor de 550 participantes, entre mujeres, hombres, adultos y niños. Se acerca el momento del pitazo de salida y yo apenas puedo contener mi corazón el cual late tan fuerte que retumba en todo mi cuerpo: Inicia la competencia acompañada de un grito de júbilo que viene desde la tribuna de la alberca, de todos aquellos que apoyaban a sus competidores. Es mi turno de entrar en la alberca y comenzar a nadar, sé que tengo que completar varios kilómetros, y mi primera brazada guarda la esperanza de llevarme hasta el final. Podría describir cada instante de la competencia, la natación, la bicicleta y la carrera, pero sólo me gustaría decirles que en cada metro, en cada centímetro y en cada instante que recorrí, me mantuve firme en la idea de enfrentarme a mis propias cargas y de atravesarlas sin temor, la verdad, competir fue arduo y a la vez sencillo, porque en cada paso me acompañaban Selene, Horus y Sananda, quienes estaban esperándome en casa ya que apenas 2 semana atrás, mi adorada niña había nacido, sin embargo ellos están conmigo en cada instante de mi vida.

Quisiera cerrar comentando el punto mas álgido de toda esta experiencia: El momento en que cruce la META, mi META, fue solo un instante de tal vez 1 ó 2 segundos, pero la sensación, la emoción, el estado que me generó, las lágrimas que corrieron por mi Ser, están todavía aquí conmigo, tan vivos e intensos como cuando ocurrió. En la tribuna de mi Meta estaban mis padres, dando como siempre lo mejor de ellos. ¿Sabes?, esa fracción de tiempo converge todo un proceso de valor, toda una historia que empezó desde que yo era un niño, y toda una transformación en la que mi Dios, mi familia, mis amigos, mis maestros de vida, mis colegas, mis compañeros, mis alumnos y mi coach entrenador, me nutrieron para lograrlo. En fin, este cruce del final de la carrera guarda muchas experiencias sumadas y capitalizadas en aprendizajes desde hace mucho tiempo para llevarme hasta ese preciso lugar llamado MI META. Lo más hermoso de todo esto, es que sólo es la evidencia de que puedo llegar a ser lo que yo quiera SER y que mi relación con mi espíritu se ha ido afianzando en cada competencia. No compito contra nadie, solo conmigo y siempre sostenido por mi Ser.

Tal vez, tú estás cruzando tu propia carrera de vida con cientos de porras y unos pocos obstáculos. Tal vez, es todo lo contrario y pareciera que la meta nunca va a aparecer. Como sea que lo vivas, deseo de todo corazón que mi testimonio te impulse y que junto a los tuyos encuentres millones de motivos para merecer una vida grandiosa y poder cruzar sin culpa, ni vergüenza, sino más bien, con los brazos en alto, decidido, fascinado con lo que eres y lleno de gozo y de pasión por existir: LA META DE TUS MÁS ALTOS DESTINOS.

“LA VERDADERA REALIDAD OCURRE, CUANDO HACEMOS DE NUESTRA EXISTENCIA LA EXPERIENCIA MAS GRANDIOSA DE VIDA”