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Pude Verpor Selene Fortanel PoloDomingo, 1 de febrero de 2015

Mi primer negocio formal fue una clínica de tratamientos faciales y corporales, que en sociedad con mi mamá fundamos hace 11 años. Al cabo de unos meses descubrí que las personas, en su mayoría mujeres, buscaban mejorar su imagen para conseguir una pareja amorosa y desinteresada, para alcanzar el puesto de sus sueños, para mejorar sus matrimonios, para alcanzar el afecto y respeto de sus hijos, para superar sus temores e inseguridades, para encontrar un motivante de vida, para lograr la riqueza, para comprometerse con su salud, para darle una lección a los que les habían ofendido, para transformar sus creencias personales o para darle un giro a su monótona vida.

Todos estos cambios favorables en su rostro y cuerpo, aun cuando se alcanzaran de forma exitosa, resultaban ser insuficientes, efímeros o insostenibles en el andar cotidiano, ya que las sensaciones y sentimientos que habían impulsado el tratamiento de belleza regresaban lenta y completamente a la existencia real de la persona. Ya fuera que cancelaran, reanudaran o eligieran otro tratamiento parecía que la raíz del problema interior seguía latente y surgiendo con más fuerza.

"Lo perdurable viene de adentro"

Así fue como dejé de ser una empresaria orientada a los resultados y al negocio y me interesé por allegarme de más recursos que me permitieran crecer y dar un mejor servicio a nuestros clientes, que algunos se volvieron mis amigos; empecé leyendo materiales sencillos que eran verdaderas puertas de acceso a la complejidad de la psique humana, después opté por asistir a talleres breves que me dieran elementos vivenciales para apoyar a mis clientes, una puerta me condujo a otra y de pronto me encontraba involucrada en mi propio crecimiento interior asistiendo a un proceso terapéutico con Javier, un ser humano que me acompañó y me enseñó a encender la lámpara olvidada dentro de mí. Lo que al principio fue motivado por intentar vender más, se convirtió en el camino para reencontrarme conmigo, para sanar las heridas y para descubrir quién era a pesar de todo.

Así es como llegué a convertirme en instructora y terapeuta; y a 15 años de haber iniciado este andar hoy reconozco que:

"Pude ver en mí la imagen futura de la mariposa que duerme soñando el sueño del volar pleno"

-Pude ver la imagen tan distorsionada que guardaba de mí, la misma que mis clientes guardaban de sí: creer que solo somos lo que decimos, lo que comemos, la talla que tenemos, la vida que hemos llevado, la pareja con la que estamos o ya no estamos, la emotividad que nos abriga, los pensamientos de cada día o los sueños y promesas no cumplidos.

En realidad, tú y yo somos mucho más que lo aparente y ese saber solo se logra en el reto de aceptar vivir cada día con la incógnita del mañana, y en el poder de crear la realidad y al mismo tiempo de aceptar las sorpresas del momento.

  • Pude ver que ellos y yo desconocíamos los mejores talentos, los mejores momentos, los mejores propósitos, los mejores encuentros, los mejores errores, las mejores dolencias y las mejores carencias de nuestro Yo.
  • Pude ver que la belleza interior estaba más reflejada en el brillo de los ojos que en la talla de un vestido, y que las personas que poseían ambos reflejos: el del ojo y el del cuerpo, habían logrado un crecimiento mental, emocional y espiritual que se proyectaba en su físico.
  • Pude ver que a la primera persona que había que perdonar era a mí y no a mis padres.
  • Pude ver que la mejor receta anti arrugas es liberarse del rencor y del resentimiento.
  • Pude ver que las relaciones exitosas son el resultado de elecciones de vida basadas en el amor y en el respeto personal y colectivo.
  • Pude ver que la noche puede ser radicalmente opuesta a los planes del día y que aceptar y gozar esta sincronía es todo un arte.
  • Pude ver que la única mascarilla que quita la tristeza es hacer lo que se ama y hacerlo con amor.
  • Pude ver que la única forma de exigir mis derechos es respetándolos yo en lo privado y luego respetándolos en los demás en lo público.
  • Pude ver que a veces no veo nada y que aún con eso hay un camino que me aguarda: porque la crisis interior me renueva a pesar del dolor.
  • Pude ver que el amor y respeto a nuestros cuerpos hace que desaparezca el exceso de negación y crítica hacia sí mismo.
  • Pude ver que la vida siempre me coloca en el mejor lugar, aunque tarde años en entenderlo.
  • Pude ver que al expresar mis emociones me fortalezco y al reprimirlas me debilito.
  • Pude ver que el silencio también habla.
  • Pude ver que las palabras que no se dicen, no se deben dar por sentadas.
  • Pude ver que todos viven lo mejor que pueden, aunque parezca imposible de entender.
  • Pude ver que equivocarme es la forma más segura de aprender.
  • Pude ver que el amor que se sufre es miedo rotundo.
  • Pude ver que cuando digo Si a la vida aparecen los regalos.
  • Pude ver que en presencia de mis alumnos, pacientes y compañeros, me conecto con la parte olvidada que duerme en mí.
  • Pude ver que cada día hay algo que aprender, que decir, que olvidar, que agradecer y que perdonar.
  • Pude ver que escribir es mi contribución al Yo y al Tu que me acompaña.
  • Pude ver que la libertad reside en el acto del amor propio y se construye cada día al dejar mis ataduras.
  • Pude ver que la única crisis a vencer es la del propio desamparo y la falta de valores.
  • Pude ver que la gente más sencilla es la que mejor vive.
  • Pude ver que lo único que me arruina el día es mi actitud.
  • Pude ver que ningún entrenamiento o curso puede prepararme para ver morir a mi familia, a mis amigos, a mis alumnos y a mis mascotas.
  • Pude ver que la única persona a la que hay que pulir y transformar es a mí misma, y que la paciencia es un gran cincel para lograrlo.
  • Pude ver que el camino de la realización es infinito y que es un acto de soberbia creer que he llegado al final.

"Y pude ver que para mí y para ti: lo mejor está por venir"
¿Y tú que puedes ver en ti?

Anótalo en una hoja y compártelo contigo a solas y al menos con 2 personas de confianza. Aguarda en el silencio del último párrafo para que la frase que no se escribió y que vive en la profundidad de tu ser, emerja suavemente como la espuma del mar que busca la caricia del sol. Celebrando mis primeros quince años en la instrucción y la psicoterapia, veo que tuve la fortuna de llegar al camino del ser por medio del complejo camino del estar y del tener, y hoy tengo la dicha de creer firmemente que:

"Todos los caminos se vuelven uno cuando hacemos lo que realmente amamos y cuando nos allegamos de personas, acciones, conversaciones, pensamientos, sentimientos y objetos, de valor trascendente"

No sé qué señal de vida está por aparecer en mi carretera o en la tuya, pero sé que es la señal que ambos necesitamos para disfrutar los regalos de nuestras existencias: Una mente, un alma, un cuerpo, un espíritu, una pareja, unos padres, unos hijos, unos amigos, unas mascotas, un descanso, unas rosas, un encuentro, un suceso, un proyecto, un negocio, un viaje o el incansable deseo de ser para sí mismo lo que el agua es para los peces. Te deseo el reconocimiento alegre y sincero de tus propios regalos de vida, y recuerda que: somos la semilla de una sociedad renovándose en el amor, que no hay nada que temer y hay mucho que amar, y que te ama el viento que sopla sobre tu espalda, tu Dios y yo.

Con infinito amor